
A mi abuelita Juana.
Tus manos,
con grietas de casi un siglo abreviado,
con fieles arrugas de soles ambiguos,
con la gratitud del que da sin recelo,
con la emergencia del utero abierto.
Tus manos,
con energía de campos sembrados,
con líneas de verter soles en nidos,
con urgencia de acariciar sin tiempo,
con indulgencia de orar en santuarios.
Tus manos,
con las raíces de cabellos trenzados,
con la niñez escondida en tus llagas,
con el brío de tus caballos salvajes,
con la cruz en oleo en tus dedos orando.
Tus manos,
con el espejo de días sin cuentas,
con el hablar de sus pliegues eternos,
con el mirar solo con extenderlas,
con la fé enclavada en esta tierra.
Pata García Rossi
a tu alma de abuela
