domingo, 1 de febrero de 2009

Tus manos


A mi abuelita Juana.
Tus manos,
con grietas de casi un siglo abreviado,
con fieles arrugas de soles ambiguos,
con la gratitud del que da sin recelo,
con la emergencia del utero abierto.
Tus manos,
con energía de campos sembrados,
con líneas de verter soles en nidos,
con urgencia de acariciar sin tiempo,
con indulgencia de orar en santuarios.
Tus manos,
con las raíces de cabellos trenzados,
con la niñez escondida en tus llagas,
con el brío de tus caballos salvajes,
con la cruz en oleo en tus dedos orando.
Tus manos,
con el espejo de días sin cuentas,
con el hablar de sus pliegues eternos,
con el mirar solo con extenderlas,
con la fé enclavada en esta tierra.


Pata García Rossi
a tu alma de abuela

Angel caído


Apenas te vi, lo supe,
eras el ángel caído,
tus alas renegaban, al viento,
tus plumas giraban sin sentido,
tu aurea era luminosa
y tu imágen enmascarada
se confundía
en tu transparencia obsesiva.

Apenas te escuché,lo supe,
eras el dios en minúscula,
tus bíblicas palabras, sin tino,
tu pensamiento simulaba misticismo
y tu cuerpo pequeño
se acurrucaba
en tu casi no existencia.

Apenas te olí, lo supe,
eras las mil esencias del paraíso
tus variados aromas, sin perfume
tu inocencia transpiraba locura
y tu divinidad arrepentida
se cobijaba
en tu obsoleto suspiro.
Pata García Rossi