
La pintura
del
gran maestro
el cuerpo desnudo
un abanico
de fluídos
caían finalmente
en
la tela cuerpo
de virgen bizantina
una gota
en el pubis
Los pies
esponjas ansiosas
de oleo
se embebian
y absorvian ávidos
colores unificados
La delicadeza
de sus manos
de sus dedos
embadurnados
la elasticidad
reemplazando al pincel
en extremo rígido
El mismo
fue desplazado
recorrió
el aire
en un ángulo
de 180 grados
para morir
irónicamente
en una lata vacía
y limpia
Las manos
fueron entonces
los pinceles
Sobre la piel
Tela plástica
sedienta de tintas
color
magia
obra máxima
Fotografiar
Luego
milésimas de segundos
Imágenes
para permanecer
ad eternum
la real
La efímera
grabada
en
la retina
y en la piel
murió
en un breve
suspiro
Los bastidores
habitaban vidas
vidas muertas
una vez consumadas
La piel blanca
encerró
plasmó
energía
Y
se esfumó
con la trementina
caricias de trapo
acabando en horas
cubriendolo todo
De luz
otra vez
y el final del cuento...
La blanca piel
ya nunca más blanca
Basado en un libro de Gabriela Becerra



