
Vibra con intensidad la mente y como latigazos surge el pensamiento intempestivo.
Pensar, ese diálogo perpetuo y con continuidad incondicional, refuerza los resortes de las idas y vueltas de nuestro cerebro, experto en confusiones.
Un pensamiento, miles, con fuerza o debilitandose, seguen recorriendo millas eternas, siempre en un remolino, que se refuerza con el viento de los hechos y de los sentimientos, nos paralizan, pero no se detienen...
Un paisaje con recovecos y siniestros pasadizos...
Una legua de pronósticos positivos y alentadores signos...
Todo sucede, en el sube y baja de las colinas permanentes de nuesta mente.
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